Abrí los ojos y me
asusté. Las imágenes que se sucedían frente a mí, pasaban muy rápido para mi
mente, pero en medio de mi confusión pude darme cuenta de que el lugar por donde estaba yendo el colectivo en el cual viajaba, era
totalmente desconocido para mí. Me había
quedado dormida!
“Dónde estoy?” “Qué hago? “ Me pregunté con desesperación.
“Tengo que bajarme para no seguir alejándome demasiado”, me
dije, y sin pensarlo ni un momento más abandoné el colectivo, desorientada.
Una señora cruzaba la calle y aproveché para preguntarle
justo antes de que entrara a su casa, “ Estoy muy lejos del Superseis…..O de la
escuelita……?” (No recordaba su nombre). Me respondió que no tanto y le
conté que me había quedado dormida en el viaje
y le pregunté aún un poco
asustada: “Qué hago? A lo que ella me respondió con algo tan simple y tan lógico:
“Cruce la calle y tome el colectivo de vuelta”.
Me sonreí por no haberlo pensado, siendo
algo tan elemental. Entendí que estaba
perdida y que era mejor buscar el camino a casa, lo antes posible. Con algo de
temor aún, di gracias a Dios porque tenía dinero para tomar otro colectivo y
porque todavía no había no se había
ocultado el sol.
Aunque no te conozco quiero decirte que en éste viaje que llamamos vida a veces
nos dormimos y es tan profundo nuestro sueño que llegamos
hasta donde jamás nos dirigíamos ni pensábamos llegar. Llegamos a un punto en que nos sentimos confundidos, o lo estamos.
La angustia, la ansiedad, el miedo se
apoderan de nosotros y no sabemos qué hacer, o a dónde ir.
Solo sabemos que nos hemos alejado y que queremos volver a
casa. Volver a ser la persona que fuimos antes de que las decisiones equivocadas
que tomamos nos desviaran del propósito de nuestra vida.
Fuimos creados a imagen de Dios para
alegrar su corazón, y es nuestro bien lo que lo hace inmensamente feliz. Ya lo
dijo en Su Palabra: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de
vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que
esperáis.(Jeremías 29:11).
Mi
invitación es a que te detengas; Que ya no te alejes más. Solo tienes que
cruzar a la vereda de enfrente y emprender
el regreso a casa. Aún hay tiempo, y si
estás leyendo éste mensaje, quiero decirte que no se ha ocultado el sol. Dios
quiere perdonarte y cambiar tu vida. Quiere hacerte una persona nueva,
que seas feliz ahora y por la eternidad.
Marcela Fasanelli.