Pasaron más de cinco años antes de que mi esposo y yo nos
reuniéramos con nuestros cuatro hijos y sus respectivas familias en un mismo
lugar y al mismo tiempo. Al casarse dos de nuestras hijas e irse una de ellas a
vivir a otro continente; Al ir estudiar
en el exterior nuestros dos hijos menores, y luego de cierto tiempo de haber
regresado ambos a Paraguay, volver a
irse nuestra hija menor, ésta vez a trabajar
en un país lejano, por un año, el volver a estar todos juntos, se
convirtió en un anhelo de mi corazón.
Pensé en lo lindo que sería una foto tomada por un profesional
de la fotografía, en la que todos estaríamos elegantemente vestidos, peinados y
maquillados como para la ocasión.
El primer obstáculo que hubo que enfrentar fue que cada uno de mis hijos disponía de un
tiempo libre de compromisos diferente al de sus hermanos. Si unos podían,
siempre había alguien que no, asique todos tuvimos que hacer nuestro mejor
esfuerzo.
Pero el tiempo fue testigo del amor de Dios, y de su
fidelidad en cumplir su promesa que dice: “Deléitate asimismo en Jehová y Él te
concederá las peticiones de tu corazón”. Salmos 37:4.
Risas, emociones, charlas entre unos y otros, besos, abrazos
y mucho amor. Al fin llegó la noche tan anhelada! Estábamos todos, la familia
Núñez Fasanelli completa! Mi corazón de madre rebosaba de felicidad. Hubiera
querido que esa noche durara siglos, pero sabía que no duraría ni más, ni menos que cualquier
otra. No podía perpetuar ese encuentro familiar, pero sí su recuerdo en una foto largamente
deseada.
Entonces surgió otro
obstáculo: Para algunos no era tan importante la foto de la familia completa, y
decían que sería suficiente que nos tomáramos fotos unos con otros, Lo
importante era que estábamos juntos.
El tercer obstáculo no se hizo esperar: los dos bebés de la
familia ya se habían dormido.
Despertarlos a esa hora de la noche, parecía inapropiado,
pero por fin, cuando yo pensé perdida mi batalla, mis hijas los trajeron y entre bromas y risas tuve a todos mis
pollitos bajo mis alas.
Soy aficionada a la genealogía y estoy investigando desde
hace muchos años, y escribiendo la historia de mi familia. Siempre supe la
importancia de cada documento cada dato, cada foto, pero esa noche comprendí el
verdadero valor de una foto de familia,
y todas las emociones y recuerdos que contiene.
Estaré por siempre agradecida.
Marcela Fasanelli. Paraguay, 26 de mayo de 2014.