viernes, 23 de noviembre de 2018

Sencillos como palomas, astutos como serpientes.


               

Mirando la lluvia, desde la ventana de mi dormitorio, vi un pequeño insecto, similar a una polilla, jugando en el agua que se acumulaba en el patio. Iba de lado a lado, de baldosa en baldosa,sacudiendo sus pequeñas alitas.
Decidí grabar el momento, asique tomé mi cámara, y fui presurosa a intentarlo. Ante mi asombro y tristeza, solo pude captar el instante en que un pajarito lo tomó en su pico y se lo llevó.
¡No lo podía creer! Era la primera vez, que veía a un ser tan pequeñito jugar alegremente en el agua, y ese encanto, se terminó así, inesperada y súbitamente frente a mis ojos.
Sentí pena por el pequeño aventurero, que disfrutó de tan breve alegría, por no tomar precauciones, por ignorar que otros seres habían reparado en él.
No habrá siquiera imaginado que yo lo observaba, y mucho menos, que los ojos de su terrible enemigo, también.
La escena, me hizo pensar en cuántas veces nosotros, los seres humanos, y en especial manera, muchos cristianos, nos distraemos, mientras disfrutamos de las bondades de la vida, ignorando, que hay ojos fijos en nosotros. Entre ellos, los de el que quiere, arrebatarnos lo más precioso que tenemos, la vida.
No es que no tengamos que disfrutar de los momentos de felicidad. Es simplemente, que lo hagamos, sin olvidar que, aunque parezca que estamos solos, siempre hay quienes nos miran, y no todos lo hacen con bondad.

                                                                                                     Marcela Fasanelli.
                                                                                               23 de noviembre de 2018

martes, 2 de diciembre de 2014

Él pensará en mí

Todo el tiempo vemos personas cuyos rostros nos son familiares, debido a que las encontramos en el barrio, en donde hacemos compras habitualmente, o en el hospital al que vamos a consultar, etc. Si bien podemos llegar a reconocerlas, no es común que pensemos en ellas.
Por otro lado, existen aquellos con quienes compartimos algunos momentos de  nuestra vida, cuyo recuerdo está cubierto por una nebulosa. Algunas veces temporalmente, y otras, de forma permanente.

¿De quiénes nos acordamos? Generalmente de aquellos cuyo recuerdo está asociado a hechos que nos impactaron, o que generaron emociones profundas en nosotros.

Todo el que estuvo enamorado alguna vez, recordará los días en que se despertaba pensando en “esa persona”, o aquellos en los que, simplemente, no podía ni quería apartarla de sus pensamientos durante las largas horas o días que faltaban para volverla a ver.
¡Cuántas personas sufren, deseando que alguien los recuerde!
Durante muchos años pensé en mis ex compañeros de secundaria, y  los presentaba en mis oraciones a Dios.
 Poco a poco fui encontrándo esos instantes hermosos de mi adolescencia, hasta que de pronto, volví a reunirme con la mayoría de ellos al cumplirse 40 años de nuestra promoción.

Estuve recientemente en mi ciudad natal, recorriendo los lugares en donde crecí, y al encontrarme día tras día con amigos y amigas, pude percibir su cariño y saber que de alguna manera pensaron en mí.

Cuando pasamos por dificultades a veces sentimos que Dios no se acuerda de nosotros pero su palabra nos asegura que eso no es así.

Hoy puedo valorar la afirmación del salmista en las Sagradas Escrituras, la Biblia, cuando dijo: “Jehová pensará en mí”.

¿Qué? ¿Acaso el Señor, el creador de los universos, y de todo lo que existe pensará en mí? Sí, para El, no sos ni soy “alguien más”.
Somos importantes para Dios.

Él nos ama y piensa en nosotros. Tiene planes acerca de tu vida, de la mía, y de todos los que amamos su regreso.
En medio de todo lo que existe, a  pesar de los ruidos del universo, y de la contaminación y de sus muchas ocupaciones, y de sus millares de hijos amados, Él pensará en mí.  

   

Aunque afligido yo y necesitado,
Jehová pensará en mí.
Mi ayuda y mi libertador eres tú;
Dios mío, no te tardes.

                       Salmos 40:17






                                                            A. Marcela Fasanelli de Núñez.
                                                                   2 de diciembre de 2014.


jueves, 7 de agosto de 2014

Mi amor por Israel.


                                                       
Si hay un lugar en el mundo, que gran cantidad de  cristianos anhelan conocer, es Israel. Visitar los sitios que menciona la Biblia; Andar donde Jesús anduvo…
Los que hemos nacido o transitado gran parte de nuestra vida en la fe cristiana evangélica, aprendimos a  amar a su gente, sus historias, su música, etc.

En lo personal no puedo negar  el efecto que producen en mi corazón escuchar alguna música de ellos; ni mucho menos olvidar la emoción que sentí aquel instante en que durante una actividad de las iglesias evangélicas en conjunto, llamada: “Marcha para Jesús”, al detenernos en la plaza, miré hacia arriba y vi flamear sobre mi cabeza una bandera de Israel.”
Aunque sabemos que rechazaron a Jesús, nos reconforta saber que aun sin conocerlo, siguen esperándolo. El amor que ellos tienen por El Señor, la devoción que inculcan a sus hijos…
Pero…si la Biblia menciona la constante infidelidad de ésta nación para con su Dios, el cual también es nuestro Dios, ¿por qué sigue siendo parte importante de nuestros afectos?

Creo que el hecho de saber que muchas de las apasionantes profecías de los tiempos finales giran en torno a esa pequeña y poderosa nación, y haber visto cumplirse muchas de éstas en ella, hacen que sea parte de nuestra vida aunque nunca hayamos pisado su suelo ni cantado bajo sus estrellas.
Dios ha sido tan claro en sus conceptos con respecto a Israel! Les ha prometido a sus patriarcas que serían una gran nación, y les otorgó un territorio en el cual vivir, cuya ubicación y límites menciona  en las Sagradas Escrituras.
De todo lo que Dios prometió a Israel, quiero destacar tres promesas:
a.“Y te daré a ti y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua y  seré el Dios de ellos. “(Génesis 17: 8)
b.
Cuando Dios le dijo a Abraham que le ofreciera en sacrificio a su hijo Isaac estuvo a punto de hacerlo, le habló Dios por medio de su ángel: “Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, túnico hijo;
De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.” (Génesis 22; 16,17).
c.
 “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.
 He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.” (Isaías 49:15,16).
Si Dios, el Creador, el dueño de todo lo que existe, y mi Señor, le dio a su pueblo esas tierras para que sean suyas para siempre; Si decidió premiar la fe, la obediencia y la fidelidad de Abraham bendiciéndole, dándole una descendencia más numerosa que las estrellas o qué la arena de las playas, y le entregó las puertas de sus enemigos; Si el Señor de Señores jamás ha de olvidarlos… solo me resta bendecir a la nación de Israel, alegrarme de ver el cumplimiento de las promesas de Dios, para con ellos, y no apoyar a quienes quieren destruirlos, y por sobre todo, confiar  en mi Señor, quien cumple siempre sus promesas.

                                                                    Marcela Fasanelli de Núñez.



  

miércoles, 30 de julio de 2014

La amistad en mis recuerdos.



Cuando pienso en la amistad, me remonto a aquellos días de escuela, de guardapolvos blancos, de pupitres con tintero.
No había entonces calculadoras, y el tañido de la campana hacía explotar el patio de risas y de voces, y nos reuníamos alrededor de la soga, o del elástico, esperando que nos tocara el turno de jugar.
El pensamiento me lleva a la casa de mi compañerita, o a la de mi vecinita que tenía un enorme mundo poblado de juguetes.
Vuelvo a esas horas chispeantes, cuando escalábamos todo lo que era más alto que nosotras, jugábamos al teatro, o inventábamos todo tipo de juegos y experimentos.
Pensar en la amistad me transporta a esos maravillosos días de picnic en el parque Camet y a aquellas noches divertidas que comenzaban con una reunión vespertina, dedicada a estudiar para algún examen, y terminaban en la ardua tarea de preparar “machetes” y coserlos al ruedo de nuestros uniformes.
La palabra amistad me recuerda tantos secretos, canciones y rateadas! La vereda  donde nos reuníamos los chicos y las chicas de la barra grande y de la barra chica; Y aquel café de ensueño… mi querido Vía Véneto.
Amistad tiene color de campamentos, de encuentros con los chicos y chicas de la iglesia. La amistad huele a flores, a césped, a caramelos, y está poblada de canciones impregnadas de recuerdos que hacen cosquillas en el corazón.
La amistad, que antes estaba  llena de encuentros, hoy se caracteriza por esporádicos reencuentros y alguna que otra melancolía.
Si casi todo en la vida cambia por qué no habría de cambiar la amistad? Ella se ha transformado en un sinfín de publicaciones, de tarjetas saludos y de fotos. En una colección de halagos, “Me gusta”, “Toques” y “Comentarios”, con vestigios de un mundo real.
Es hermoso tener miles de amigos e intercambiar vida en imágenes, pero me gustaría tanto volver a  las charlas de café; A las caminatas hacia la casa de otra amiga; A los paseos a la orilla del mar…
Puedo decir, sin temor a equivocarme, que ningún invento remplaza a las risas de tus amigas y amigos, ni podría competir con el mejor amigo del hombre, que no es el perro, como piensan muchos. Sino el que te acompaña cuando todos te dejan, es decir, Dios.
Pensar en la amistad me motiva a agradecer al Señor, por ser mi amigo eterno, y por haberme regalado tantas amigas y amigos que son parte de mi vida. Algunos por las experiencias, que vivimos juntos, y otros, por las sonrisas y palabras amables con las que me bendicen cada día en las redes sociales.
Feliz Día de la amistad para todos!

                                                                      Marcela Fasanelli.

                                                                         Julio de 2014.

lunes, 26 de mayo de 2014

La foto de familia


Pasaron más de cinco años antes de que mi esposo y yo nos reuniéramos con nuestros cuatro hijos y sus respectivas familias en un mismo lugar y al mismo tiempo. Al casarse dos de nuestras hijas e irse una de ellas a vivir a otro continente; Al ir  estudiar en el exterior nuestros dos hijos menores, y luego de cierto tiempo de haber regresado ambos a Paraguay,  volver a irse nuestra hija menor, ésta vez a trabajar   en un país lejano, por un año, el volver a estar todos juntos, se convirtió en un anhelo de mi corazón.
Pensé en lo lindo que sería una foto tomada por un profesional de la fotografía, en la que todos estaríamos elegantemente vestidos, peinados y maquillados como para la ocasión.
El primer obstáculo que hubo que enfrentar fue   que cada uno de mis hijos disponía de un tiempo libre de compromisos diferente al de sus hermanos. Si unos podían, siempre había alguien que no, asique todos tuvimos que hacer nuestro mejor esfuerzo.

Pero el tiempo fue testigo del amor de Dios, y de su fidelidad en cumplir su promesa que dice: “Deléitate asimismo en Jehová y Él te concederá las peticiones de tu corazón”. Salmos 37:4.

Risas, emociones, charlas entre unos y otros, besos, abrazos y mucho amor. Al fin llegó la noche tan anhelada! Estábamos todos, la familia Núñez Fasanelli completa! Mi corazón de madre rebosaba de felicidad. Hubiera querido que esa noche durara siglos, pero sabía que  no duraría ni más, ni menos que cualquier otra. No podía perpetuar ese encuentro familiar, pero  sí su recuerdo en una foto largamente deseada.

Entonces  surgió otro obstáculo: Para algunos no era tan importante la foto de la familia completa, y decían que sería suficiente que nos tomáramos fotos unos con otros, Lo importante era que estábamos juntos.
El tercer obstáculo no se hizo esperar: los dos bebés de la familia ya se habían dormido.
Despertarlos a esa hora de la noche, parecía inapropiado, pero por fin, cuando yo pensé perdida mi batalla, mis hijas los trajeron  y entre bromas y risas tuve a todos mis pollitos bajo mis alas.

Soy aficionada a la genealogía y estoy investigando desde hace muchos años, y escribiendo la historia de mi familia. Siempre supe la importancia de cada documento cada dato, cada foto, pero esa noche comprendí el verdadero  valor de una foto de familia, y todas las emociones y recuerdos que contiene.

Estaré por siempre agradecida.



                                  Marcela Fasanelli. Paraguay,  26 de mayo de 2014.

jueves, 3 de octubre de 2013

Las circunstancias y los sentimientos en las decisiones.


                                                               



Me dispuse a leer la Biblia y  encontré  un pasaje del Antiguo Testamento que relataba las circunstancias de la muerte del rey Saúl. Pensé: Para qué voy a leer algo tan feo, sabiendo que él se quitó la vida. Pero tenía la sensación  de que ese relato  podría enseñarme algo, asique lo leí. Se encuentra en el Primer libro de Samuel, capítulo 31.
Los israelitas, que estaban en guerra, y en plena batalla contra los filisteos huyeron y cayeron muertos en el monte de Gilboa. Dice la Biblia que entonces, los filisteos persiguieron  a Saúl y a sus hijos, y que mataron a los príncipes Jonatán, Abinadab y Malquisúa.
Arreció la batalla y le alcanzaron los flecheros, y Saúl  tuvo gran temor de ellos. Sin duda, debe ser aterrador ver  muchos enemigos cerca y sus flechas apuntándonos directamente.
El temor  el orgullo no son buenos consejeros, asique Saúl, eligió primero, morir a manos de su escudero, diciendo: “Saca tu espada y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen y me escarnezcan”, pero como éste también estaba dominado por el temor, no quería hacerlo. Relata la Biblia, en el mismo versículo (4), que “Entonces  tomó Saúl, su propia espada y se echó sobre ella”. Tal como la mayoría  de las personas que deciden terminar con su vida, Saúl vio las circunstancias que le eran adversas y creyó que esa era la “única salida digna”, o dicho de otra manera, pensó que sería lo mejor.
Dice el versículo 5 que viendo el escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada y murió. Tristemente, cada vez que una persona se suicida, deja una puerta abierta para que alguien más, haga lo mismo. Su decisión final, sienta precedentes.
Pero las consecuencias del temor  que relata esta historia, no terminaron allí.
El relato sigue diciéndonos que los israelitas que habían quedado del otro lado del valle, y del río Jordán, viendo que sus soldados habían huido, y que Saúl y sus hijos  habían muerto, dejaron las ciudades y huyeron, y los filisteos fueron y habitaron  en ellas.
Al día siguiente ocurrió el despojo. Los filisteos fueron a quitar de los muertos, todas aquellas cosas que les pudieran ser útiles para  sus soldados. Encontraron los cuerpos de Saúl y de sus hijos, y además de despojarlos, le cortaron la cabeza, y enviaron mensajeros con lo que para  ellos eran buenas noticias, a todo el territorio filisteo, al templo, a los ídolos y al pueblo.  Llevaron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de  Bet-sán.
Todo lo que  Saúl temía, era ser  objeto de burla y de vergüenza, y creyó que quitándose la vida, lo evitaría, más no fue así.
¿Qué hubiera sucedido si en vez de suicidarse hubiese peleado hasta que lo mataran? Creo que la historia lo recodaría como un hombre valiente que dio la vida por su pueblo, y quizá hasta sus enemigos lo respetarían. Esto es solo lo que yo pienso, pero  es evidente  que el mismo temor se apoderó también de su pueblo,  por eso huyeron también, dejando sus ciudades a sus enemigos...
La historia terminó en que:
Oyendo los de Jabes de Galaad lo que los filisteos le hicieron a Saúl, se levantaron todos los hombres valientes, dice la Biblia,  y anduvieron toda esa noche, recuperaron  el cuerpo de Saúl y los cuerpos  de sus hijos, que estaban colgados del muro de Bet- sán, y en Jabes los quemaron y sepultaron sus huesos debajo de un árbol y ayunaron siete días.
Esta historia, triste, por cierto, nos advierte que no es bueno dejarse llevar por el temor, o por el orgullo, y que el suicidio nunca es una mejor opción, ni la única salida. También nos muestra que cada decisión que tomamos y cada cosa que  hacemos, afectan la vida de los demás, comenzando por nuestros seres queridos.
A Saúl, al parecer, nunca se le ocurrió que Dios podría tener la última palabra, y actuó sin esperanza y sin fe en el Dios de los escuadrones de Israel, como lo proclamara el valiente David.

La vida  del cristiano es un guerra continua contra el mal, y el enemigo al que se enfrenta a diario, y sus ejércitos, son implacables, ya que su propósito es la aniquilación de todo cuanto Dios ama. Los que amamos a Jesucristo sabemos que la victoria nos fue garantizada en la cruz, y que Él nos dice: “No temas”. Te animo a confiar en el único Rey que jamás será vencido ni avergonzado porque Él  sí tiene la última palabra, la cual es fiel, verdadera y eterna.

                                                                                  Marcela Fasanelli.