Si hay un lugar en el mundo, que gran cantidad de cristianos anhelan conocer, es Israel. Visitar
los sitios que menciona la Biblia; Andar donde Jesús anduvo…
Los que hemos nacido o transitado gran parte de nuestra
vida en la fe cristiana evangélica, aprendimos a amar a su gente, sus historias, su música,
etc.
En lo personal no puedo negar el efecto que producen en mi corazón escuchar
alguna música de ellos; ni mucho menos olvidar la emoción que sentí aquel
instante en que durante una actividad de las iglesias evangélicas en conjunto,
llamada: “Marcha para Jesús”, al detenernos en la plaza, miré hacia arriba y vi
flamear sobre mi cabeza una bandera de Israel.”
Aunque sabemos que rechazaron a Jesús, nos reconforta
saber que aun sin conocerlo, siguen esperándolo. El amor que ellos tienen por
El Señor, la devoción que inculcan a sus hijos…
Pero…si la Biblia menciona la constante infidelidad de
ésta nación para con su Dios, el cual también es nuestro Dios, ¿por qué sigue
siendo parte importante de nuestros afectos?
Creo que el hecho de saber que muchas de las apasionantes
profecías de los tiempos finales giran en torno a esa pequeña y poderosa nación,
y haber visto cumplirse muchas de éstas en ella, hacen que sea parte de nuestra
vida aunque nunca hayamos pisado su suelo ni cantado bajo sus estrellas.
Dios ha sido tan claro en sus conceptos con respecto a
Israel! Les ha prometido a sus patriarcas que serían una gran nación, y les
otorgó un territorio en el cual vivir, cuya ubicación y límites menciona en las Sagradas Escrituras.
De todo lo que Dios prometió a Israel, quiero destacar tres promesas:
a.“Y te daré a ti y a tu descendencia
después de ti, la tierra en que moras, toda
la tierra de Canaán en heredad perpetua y
seré el Dios de ellos. “(Génesis 17: 8)
b.
Cuando Dios le dijo a Abraham que le ofreciera en
sacrificio a su hijo Isaac estuvo a punto de hacerlo, le habló Dios por medio
de su ángel: “Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has
hecho esto y no me has rehusado tu hijo, túnico hijo;
De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia
como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus
enemigos.” (Génesis 22; 16,17).
c.
“¿Se
olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de
su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca
me olvidaré de ti.
He aquí
que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre
tus muros.” (Isaías 49:15,16).
Si Dios, el Creador, el dueño de todo lo que
existe, y mi Señor, le dio a su pueblo esas tierras para que sean suyas para
siempre; Si decidió premiar la fe, la obediencia y la fidelidad de Abraham
bendiciéndole, dándole una descendencia más numerosa que las estrellas o qué la
arena de las playas, y le entregó las puertas de sus enemigos; Si el Señor de
Señores jamás ha de olvidarlos… solo me resta bendecir a la nación de Israel,
alegrarme de ver el cumplimiento de las promesas de Dios, para con ellos, y no
apoyar a quienes quieren destruirlos, y por sobre todo, confiar en mi Señor, quien cumple siempre sus
promesas.
Marcela Fasanelli de Núñez.