lunes, 15 de agosto de 2011

El mundo está loco. Loco, loco.

                                        
Cuando llegaban visitas a mi casa, los niños saludábamos amablemente, y nos retirábamos a jugar en el patio u en otra habitación.
 Nunca participábamos  de una conversación entre adultos. Los problemas económicos o de cualquier otra índole, no eran de nuestra incumbencia, asique si habíamos terminado la tarea escolar, solo nos restaba jugar, y aprovechábamos bien  ese tiempo.
En lo que a mí respecta, los juguetes eran pocos y la imaginación y la creatividad, mucha.
Ver televisión era todo un acontecimiento  que valía el esfuerzo de regresar con nuestros padres caminando, de la casa de mi tía Zene  en noches oscuras y frías.
Posteriormente, cuando el hombre llego a la luna, la televisión llego  también a nuestra casa.
Desde hace algunos años, muchísimas nuevas tecnologías han revolucionado el estilo de vida de las familias.
Los niños, que en general tienen acceso a  ellas,  son tratados como pequeños adultos. Lo escuchan todo, lo ven todo, y hasta participan de las conversaciones de los mayores, opinando de vez en cuando.
Los programas televisivos  modifican el lenguaje de nuestros hijos; Relajan la moral y las buenas costumbres; Afectan las prioridades de la familia,  e introducen cambios en el estilo  de vida.
Los juegos que hoy juegan los niños  giran alrededor de las nuevas tecnologías; Están cargados  de violencia, ocultismo, paganismo, etcétera.
Da mucha tristeza ver a niños  actuar con picardía, hablar en doble sentido  o  usando las expresiones más bajas.
La familia, que antes comía reunida alrededor de una mesa, hoy lo hace dispersa. Unos frente  a la computadora; o escuchando música; Otros con el celular en mano, o frente al televisor.
La Biblia todavía tiene las respuestas para los padres y los hijos.
El amor, la atención, la disciplina, el respeto, la esperanza, la obediencia, la corrección, la pureza, el perdón, la fe, siguen siendo la mejor opción.
El mundo está loco, loco, loco, pero…. no te dejes arrastrar por él.

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