viernes, 22 de junio de 2012

Regresa


                                                  
Abrí los ojos  y  me asusté. Las imágenes que se sucedían frente a mí, pasaban muy rápido para mi mente, pero en medio de mi confusión pude darme cuenta de  que el lugar por donde estaba  yendo el colectivo en el cual viajaba, era totalmente desconocido para mí.  Me había quedado dormida!
“Dónde estoy?”  “Qué hago? “ Me pregunté con desesperación.
“Tengo que bajarme  para no seguir alejándome demasiado”, me dije, y sin  pensarlo ni un momento más  abandoné el colectivo, desorientada.
Una señora  cruzaba la calle y aproveché para preguntarle justo antes de que entrara a su casa, “ Estoy muy lejos del Superseis…..O de la escuelita……?”  (No recordaba  su nombre). Me respondió que no tanto y le conté que me había quedado dormida en el viaje  y le  pregunté aún un poco asustada: “Qué hago? A lo que ella me respondió con algo tan simple y tan lógico: “Cruce la calle y tome el colectivo de vuelta”.
Me sonreí por no haberlo pensado, siendo  algo tan elemental. Entendí que estaba perdida y que era mejor buscar el camino a casa, lo antes posible. Con algo de temor aún, di gracias a Dios porque tenía dinero para tomar otro colectivo y porque todavía no había no  se había ocultado el sol.
Aunque no te conozco quiero decirte  que en éste viaje que llamamos vida a veces nos dormimos y es tan profundo nuestro sueño que  llegamos  hasta donde jamás nos dirigíamos ni pensábamos llegar.  Llegamos a un punto en que  nos sentimos confundidos, o lo estamos.
La angustia, la ansiedad, el miedo se apoderan de nosotros y no sabemos qué hacer, o a dónde ir.
Solo sabemos que  nos hemos alejado y que queremos volver a casa. Volver a ser la persona  que  fuimos antes de que las decisiones equivocadas que tomamos nos  desviaran del  propósito de nuestra vida.
Fuimos creados a imagen de Dios para alegrar su corazón, y es nuestro bien lo que lo hace inmensamente feliz. Ya lo dijo en Su Palabra:    Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.(Jeremías 29:11).
Mi invitación es a que te detengas; Que ya no te alejes más. Solo tienes que cruzar    a la vereda de enfrente y emprender el regreso a  casa. Aún hay tiempo, y si estás leyendo éste mensaje, quiero decirte que no se ha ocultado el sol. Dios quiere perdonarte  y cambiar    tu vida. Quiere hacerte una persona nueva, que seas feliz ahora y por la eternidad. 
                                                                                                        Marcela Fasanelli. 

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